domingo, 6 de mayo de 2012

El ultimo turquito: resumen y comentario

Lopez Angeles Diana Andrea  grupo 618


El último Turquito.

Por Miguel Álvarez del Toro.

El lugar donde se desarrolla esta historia, Chiapas; donde en minutos la ceniza ha reemplazado a la fibra vegetal y donde la hecatombe empezó cuando un bípedo, insignificante ante la grandiosidad de la Naturaleza  pero creyéndose su amo, llego armado de un hacha y gran ambición, tapados los ojos por la ignorancia, sellados los oídos por el tintinear del dinero.

Aguas limpias, corren por el fondo de un pequeño barranco, arrullando a los turipaches que esperan el sol sobre una roca, verde por tanto musgo que la cubre y húmeda por el salpicar del agua. Las campánulas azules, blancas y rosadas abren sus corolas al fresco de la mañana, dando colorido al verde oscuro del follaje y permitiendo la entrada a las primeras abejas silvestres que buscan el perfumado polen.

Por el helecho arbóreo trepa una serpiente de moteado color y siniestros ojillos, es observada con temor por un lagarto verde que reposa sobre una ancha hoja. Empiezan a revolotear las mariposas de alas azul metálico, numerosos chupaflores cuyo plumaje lanza variados destellos de joyería policroma.



En un arbolillo de mediana altura y racimos de maduras frutillas, danzan su cortejo amoroso varios turquitos de plumaje negro y rojiza cabeza, de patas amarillas y ojos blancos. Las hembras de verdoso ropaje observan, ya interesadas, ya indiferentes, lo complicados saltos y volteretas de los rechonchos cuerpecillos de los machos ocupados en tan ritual competencia.



Mas una mañana, igual como la descrita se escucha un sonido nuevo. Un ruido que paraliza momentáneamente a las criaturas del bosque. Es la barbarie que llega con disfraz de progreso, con pretexto de necesidad. Es el desierto que en hombros de los bípedos humanos toca a las puertas del bosque.

Los animalillos pretenden acostumbrarse hasta que un estruendo los sobrecoge de nuevo. El primer  gigante,  se viene al suelo, arañando con sus ramas a los vecinos en un desesperado afán por sostenerse hace  retumbar el suelo con su peso, asombrado de aquellos minúsculos seres que le han cortado su tronco; aquellos seres que hace apenas unos días alimentó con sus frutos, que hace unos días protegió con su sombra deteniendo los ardientes rayos del sol.

La destrucción avanza. Primero es una cinta que taladra el bosque, esa cinta desnuda es sólo el prólogo, el epílogo trágico viene unos pasos atrás.

Los seres arrogantes tan insulsos que en sus creencias dicen que todo en la Naturaleza fue hecho para servirlos, ya no tan sólo pasan de largo.



Aún se escuchan los gemidos de los gigantes sacrificados para abrir esa brecha, de la destrucción, Es la marabunta humana que llega arrastrando tras sí la desolación.

Es la evolución que la Naturaleza perfeccionó para suicidarse. Son los ilusos que se creyeron reyes de la creación y destrozando, corren vertiginosamente hacia su propia destrucción.

Pasa un año pasan dos. Los habitantes móviles pretendieron huir, sólo encontraron desolación, ya el humano había pasado por ahí. Los vegetales, anclados a la tierra, incapaces de huir, tuvieron que esperar aterrados hasta que esos seres destructores, incapaces de escuchar los alaridos de terror vegetal, los gemidos de los gigantes milenarios desangrados en el suelo, llegaron machete y hacha en mano derribando y derribando, luego quemando y quemando.

Las rocas desnudas constituyen ahora todo el escenario, Primero disimuladas por el verde del maíz, después y finalmente las raíces ya no encontraron tierra que nutriera a las plantas.



Donde el panorama era verde y por las mañanas se velaba por la húmeda niebla, ahora es blanco y es gris.

En lo alto de un pináculo rocoso, donde si llegaron las terribles llamas, sobreviven apenas unos cuantos arbustos achicharrados a cuya  raquítica sombra se refugia un pajarito triste, de raído plumaje negro y cabeza roja. Sus ojos miran incrédulos aquella desolación.

Los gritillos del turquito, una de las pocas criaturas silvestres que pueden adaptarse a vivir junto con el caos del hombre, persisten, el pajarillo no quiere creer que ya nadie contestará su llamado, suspende unos momentos sus llamados para buscar una de las pocas frutillas chamuscadas, ¡mas hace poco comió la última!



Los gritillos del turquito se escuchan nuevamente, pero ya no es canto de amor, ya no es canto de alegría, es lamento de desesperación.

Las desnudas ramas ya no proporcionan sombra alguna que lo proteja del sol; los músculos de la laringe débiles ya por la falta de frutillas jugosas. Apenas puede volar, no comprende que uno a uno fueron cayendo a tierra, que él, más fuerte, sobrevivió hasta lo posible.

El piquillo abierto, el plumaje erizado, el turquito descubre algo blanco que se abre paso entre las ondas de calor.

Es un chamaco que bañado de sudor sube la loma, sigue la tumba de otro trozo de monte; tiene el rostro enrojecido y la desesperación por tanto calor.

Se agacha en la escasa sombra que proporciona el chamuscado tronco de un chinine, el mismo que hacía tiempo le proporcionó grasosa fruta para saciar su hambre, cuando aún estaban en la tarea de asesinar árbol tras árbol, él, su padre y su tío.

El tronco muerto, no proporciona alivio contra ese calor y el chamaco campesino sigue su camino por el árido paisaje. Descubre un pajarillo que parece muy manso por estar desfallecido. Es un pajarillo negro y rojo, con sus blancos ojos entornados y el piquito abierto por la sofocación. Olvida un momento su cansancio y rápido saca la fatal resortera. Zumba una piedra que golpea un cuerpecillo casi muerto de sol, de hambre y sed, el chamaco ni se digna dar una segunda mirada a su inocente víctima y calcinado por el ardiente sol apenas si recuerda la belleza de este lugar.



Sobre una roca áspera, moviéndole las plumillas el caliente aire, está el inmóvil cuerpecillo rechoncho del último turquito. Es la mano del hombre que ha pasado por aquí. Es la civilización que ya llegó por acá.





Critica:



Este texto, cubre una fantástica historia de la bella naturaleza con sus habitantes, los cuales conviven de manera simbólica dentro de ella y regocijan día a día con elementos abióticos que a pesar de ser inertes dan vida, sin embargo mientras se lee es fácil darse cuenta como poco apoco esta historia va cambiando.

Bien llamados así, insignificantes ante grandiosa naturaleza, los humanos nos hemos encargado de destrozar lo más bello que la vida nos ha dado, nos atrae la ambición y la ignorancia al aprovecharnos sin pensar de lo que hasta ahora nos ha mantenido vivos.

No nos ponemos a pensar en las consecuencias de tantos actos injustos que hemos hecho hacia todas las hermosas especies que dañamos, las cuales se preguntan día a día si de verdad el hombre puede considerase animal como ellos o mejor como bestias que asechan todo lo que ven a su paso.

Lo único que hacemos, es destruir todo para lograr el bien propio y competimos entre nosotros para  tener lo mejor y no nos detenemos ni un segundo a admirar lo que de verdad importa y lo que nos mantiene vivos pese a cualquier cosa.

Es por ello que este maravilloso y objetivo texto brinda la posibilidad de poder comprender la situación por la que la naturaleza está pasando y como es que esta ve al hombre haciendo énfasis en lo que hemos aportado hasta ahora, lo cual es nada a comparación de lo que la naturaleza nos ha dado a nosotros.







Glosario:

Turipache: reptil parecido a una iguana.

Musgo: plantas que habitan lugares húmedos.

Campánulas: flores.

Corolas: Parte de la flor formada por pétalos generalmente coloreados.

Follaje: Hojas de las plantas.

Polen: Parte de las plantas  que lleva el gameto masculino.

Chupaflores: colibríes.

Policroma: De muchos colores.

Reinitas: pájaros de color azul.

Celeste: Azul.

Nectaríneo: Que proviene del néctar, líquido azucarado que producen las plantas para atraer  diversos animales.

Albos: Blancos.

Cucayo: Especie de lagartija.

Oteando: Registrar desde un lugar alto lo que está abajo.

Floresta: Terreno frondoso y ameno poblado de árboles.

Lianas: Plantas trepadoras de los bosques tropicales con tallos muy largos, leñosos, parecidos a cuerdas.

Cortejo: Conducta de algunos animales que se presenta previa a la reproducción.

Ladera: Declive de un monte.

Ominoso: azaroso, de mal agüero.

Talada: Corta de árboles en masa hasta dejar rasa la tierra.

Epílogo: última parte de un discurso o novela.

Heraldo: mensajero.

Marabunta: Nombre que s le da a una hormiga muy destructora.

Tocón: Parte del tronco de un árbol que queda unida  a la raíz.

Milpa: Sembradío.

Pináculo: Pare superior o más alta.

Escarpado: Que tiene gran pendiente.

Tordo: Pájaro estornino.


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